El día, francamente, no importa, tampoco importa la hora, cualquier momento es irrelevante, realmente, lo que menos importa, es el momento, no díficil pararse a comprobarlo, basta con pararse y ver que lo que más se tiene, es tiempo, un tiempo que a duras penas, podemos destinar a hacer algo, porque no hay mucho que hacer, el día a día transcurre entre las bambalinas de mi casa, como si de los aposentos de la parte de atrás de un escenario se tratase, y si bien es cierto, es que este tema, podría regalarme horas de escritura, pero hoy no es el momento para escribir sobre eso; lo que hoy me importa, es una historia, es una busqueda muy común en los tiempos que corren, pues también es compleja, pues si se piensa se ha vuelto cotidiano y no deja de sorprender.
Los días se sitúan en ondas cálidas que agobia a la población porque no hace otra cosa, que seguir adaptándose, que son como los errores que acaban bajo el brazo al terminar el día, en los apuntes de una agenda o en un post it, que más donde quede, al fin y al cabo, el lugar, también es lo de menos.