De vez en cuando, sólo de vez en cuando, una se ve con la necesidad de reflexionar, de poner en su lugar las ídeas, buenas o malas, de la misma forma que las mentes más lúcidas de todos los tiempos lo han echo y siguen haciendo, es ahora el momento en el que me toca a mi mover ficha, exponer mis pensamientos, mis anhelos y mis inquietudes o reflexiones.
Pero, ¿cómo empezar?, no resulta tan fácil hacer una exposición de la forma de ver las cosas cotidianas y profundas, que una lleva en su aforo interior, porque a la sazón quiere una ser entendida o cuanto menos, comprendida, por no decir, escuchada.