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Viajando

Las luces de la carratera tiritaban tanto como el frío y el aire que acompañaba el día.

El transcurso del viaje, es la mar de entretenido, fuera, en las montañas, no se veían a la perfección, pero deberían de estar ahí, miraba con ojos agrios la diminuta fila de luces que se contorsionaban sacando las chispas de la lluvia.

El viaje, había empezado hacía varias horas, los pasajeros que me acompañaban, estaban dormidos y una brisa que se inmiscuia por grietas invisibles, se tornaba monótona y tediosa la incomodidad del asiento, por estar ya varias horas con el transcurso del viaje.

Paramos, para fumarme un cigarrillo, mientras caminaba por el pasillo de la cafetería, la cafetería, resguardaba rostros pesados, por el frio endurecido desde la juventud.

Una mesa de turistas, distinguibles por sus ropas de colores incisivos y ojos claros me miraban como si se acercasen, sentada desde su silla de la cafetería, junto con un café y unas pastas.


Para estás cuestiones, de procurar aliado en los lugares o situaciones en los que, una sabe, que juega de visitantes, y murmura un "hola, buenos días" desconfiando del resultado.

Unos ojos pequeño, que siquiera apenas parpadeaban, me indicaron el camino hacía la única mesa que quedaba libre, de la que tuve que despejar todo el revoltijo de bolsos y ropa que cubria la mesa, y poder así sentarme.

En un confuso inglés-Español, me habló con frases cortas, acercando su palma a la punta de su nariz enrojecida y helada.